Cirugía de la Parálisis Facial

La Cara es el espejo del alma, el órgano público con el que interactuamos y nos relacionamos con los demás. La complejidad de sus músculos y funciones permiten transmitir emociones , sentimientos y mensajes que no se pueden comunicar solo con palabras. La expresión facial forma parte indisoluble de la comunicación y es realmente la más humana de sus distintas facetas.

Existen múltiples causas que pueden provocar una alteración del nervio facial a lo largo de su recorrido. Los infartos o las malformaciones vasculares cerebrales, los tumores a nivel del ángulo pontocerebeloso (neurinoma del acústico), los tumores del oído medio, los tumores en la base del cráneo o los tumores de la parótida. También pueden provocar una parálisis facial ciertas causas externas como son los traumatismos craneales con fractura del hueso temporal, ciertos agentes tóxicos y enfermedades metabólicas, las infecciones víricas y bacterianas, el frío o la iatrogenia (accidente quirúrgico). Finalmente, puede producirse una parálisis facial sin causa aparente (parálisis de Bell) o de forma congénita (Síndrome de Moebius.)

Los síntomas más frecuentemente asociados a una parálisis facial es la imposibilidad para sonreír y la dificultad para cerrar el ojo con alteraciones en la lagrimación. También está frecuentemente presente una dificultad para subir la ceja, alteraciones en la respiración nasal, mordida de la mucosa bucal, acúmulo de los alimentos en la parte posterior de la boca y caída de la saliva.

Una parálisis facial puede recuperarse espontáneamente en algunos casos sobre todo cuando son parálisis secundarias a la exposición del frío o las idiopáticas (parálisis de Bell). Generalmente es necesario un tiempo prudencial de espera (6 meses) para determinar la recuperación del movimiento facial.

Tratamiento Quirúrgico

Dependiendo de las circunstancias propias del paciente (causa de la lesión del nervio, edad, enfermedades asociadas, etc.), se determina cual es la técnica quirúrgica más conveniente para cada caso.

Las técnicas de reconstrucción las podemos dividir en:

Técnicas Estáticas: Persiguen una suspensión de la cara lo más natural posible, cierre del párpado o elevación de la ceja, entre otras. Con ellas se mejora la apariencia física de los pacientes.

Técnicas Dinámicas: Orientadas a que el paciente afectado por una parálisis facial consiga de nuevo mover la cara y provocar la sonrisa.

Se pueden emplear injertos nerviosos o trasplantes musculares según el tiempo de evolución de la parálisis, la edad y el sexo.

Todas estas técnicas intentan devolver a la cara la movilidad perdida. Es lo que constituye la rehabilitación dinámica.
En otros casos, cuando por diferentes circunstancias y antecedentes no es posible realizar la rehabilitación dinámica se procede a la suspensión o rehabilitación estática facial.

En pacientes ancianos o como complemento a la cirugía dinámica, se realizan técnicas de suspensión de la comisura bucal, creación del surco nasogeniano o suspensión del párpado inferior caído. Con ello se persigue una mejoría estética facial, se evita la caída de la lágrima y se evita la mordida de la mucosa bucal al comer. Estas suspensiones se realizan mediante injertos tendinosos del propio paciente.

La dificultad para cerrar el ojo se suele resolver satisfactoriamente por medio del implante de una pesa de oro en el párpado superior. También, en ciertos casos, está indicado la realización de una transposición del músculo temporal para el cierre activo del ojo. La caída del párpado inferior de resuelve satisfactoriamente por medio de suspensiones con tendones, cantoplastias externas y en algunos casos resecciones en cuña cuando existe ectropion importante.

La toxina botulínica se utiliza para conseguir una mayor simetría facial una vez completado el tratamiento quirúrgico anterior o bien para paralizar músculos de la cara que tiene excesiva actividad tras una recuperación espontánea de una parálisis facial.